La Semana Santa es una las fiestas populares con más arraigo del calendario de celebraciones de nuestra comunidad autónoma. Son muchas las ciudades que gozan de tener sus procesiones catalogadas como de interés turístico internacional; es el caso de Sevilla, Malaga, Granada y Jerez de la Frontera. Otras son de interés turístico nacional, entre otras: Cádiz, Almería, Huelva o Jaén. En general todas fueron catalogadas como Fiestas de Interés Turístico de Andalucía debido al fenómeno cultural que desempeñan y por ser un importante elemento dinamizador de la actividad turística.

Ahora que estamos a pocas semanas de que comience, creo que es el momento oportuno para reflexionar sobre algunos puntos que considero podrían ser mejorables por parte de las administraciones y sociedad civil. En primer lugar, los Ayuntamientos deberían facilitar de manera proactiva que las Hermandades pudieran desarrollar sus estaciones de penitencia con seguridad tanto para los integrantes de los cortejos como para el público que disfruta viéndolas pasar. En el pasado hemos sufrido situaciones lamentables por parte de algunos indeseables que han metido el miedo en el cuerpo a muchos visitantes y que ahora (viendo además como se las gastan los más radicales) deberíamos estudiar con detenimiento para poner todas las medidas posibles para que no pueda suceder ningún tipo de incidente.

Como ciudadano son muchas las ocasiones en las que encontramos que las calles han sido cortadas o que han cambiado su sentido y no vemos ninguna señalética al respecto. Y no hablemos ya de que estas estén traducidas a otros idiomas. También es fundamental, por parte de todos, comprensión y entendimiento a la hora de afrontar estas situaciones puntuales, sin tener que generar altercados. Es posible que en alguna ocasión usted mismo haya sufrido molestias por encontrarse con una recogida no programada o un retraso injustificado y es entonces cuando deberíamos recordar que esta actividad turística genera una cantidad ingente de puestos de trabajo que de otra manera no se producirían y que tan necesarios son para activar nuestra economía que cada vez más vive del sector servicios.

Los hoteles de cualquier ciudad cuelgan el cartel de completo, los restaurantes y bares doblan sus equipos para atender la demanda, el turismo de interior también se ve muy beneficiado y que decir sobre la costa que sirve de refugio a todos aquellos que huyen de cornetas y tambores. En definitiva, a Dios rogando y con el mazo dando.

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