Las prácticas en empresas son fundamentales durante el proceso de formación de un profesional. Yo he tenido la enorme suerte de recorrer media España aprendiendo hasta en los lugares más insospechados. Durante mi proceso formativo, puse a prueba mi propio valor (y resistencia) ante retos que, en principio, podían parecer imposibles de superar. Retos que después te ayudan a forjar el carácter y te enseñan a tratar a las personas con sentido común. Tanto es así que la posición que ocupo actualmente es consecuencia directa de un periodo de prácticas que, medio en broma y medio en serio, siempre digo que continúo ejerciendo 16 años después. Sin duda, pensar que uno continúa en prácticas es la mejor manera de tener claro que seguimos aprendiendo cada día.

Desde mi primer periodo en prácticas hasta el último, siempre he sido consciente del sacrificio: Tendría que invertir recursos propios, tanto económicos como personales. Algo que gracias al apoyo de mi familia nunca fue un freno para mí. Desgraciadamente, otros alumnos no pudieron tener la misma oportunidad que yo tuve. Porque carecían de alguno de estos recursos, y esa carencia desafortunadamente impide a cualquier joven en proceso de formación tener las mismas oportunidades. Y creo que todos estamos de acuerdo en la importancia de la igualdad de oportunidades como la mejor solución para asegurarnos una sociedad diversa y equilibrada en el futuro. En cualquier caso, todos sabemos que cuando uno está en periodo de formación a través de unas prácticas profesionales en la inmensa mayoría de los casos no existe más remuneración que: la experiencia, el tiempo que dedica un profesional en su día a día, el aprendizaje, y por supuesto, el cariño con el los profesionales más veteranos deben tratar a cada alumno. Las prácticas deben ser un equilibrio entre los intereses del alumno y los intereses de la empresa.

En estos últimos 16 años he tenido la suerte de ayudar a jóvenes a tener una primera aproximación al mundo laboral y siempre he considerado que este debía ser un pacto entre caballeros donde primara el respeto, la educación y las buenas formas por encima del cumplimiento de unos u otros objetivos de formación o empresa. No creo ni apoyo a becarios zánganos, tampoco respeto a responsables de prácticas crueles e insensibles, que quizá en su día fueron aprendices, pero que hoy ya lo han olvidado. Mi mejor manera de entender y hacer entender las prácticas es seguir esta regla de oro: Trata a los demás como querrías que te trataran a ti.

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