Permítanme echarles un discursito, ingenuos e inadvertidos lectores. No lo hago por malsano y tortuoso placer, por eso espero sepan disculparme ab initio, desde ya. Quiero hablarles de la Academia Andaluza de Gastronomía y Turismo que ahora, pasajeramente, me ha tocado presidir. De ahí que me sienta obligado a contarles, aún siendo consciente de su espesor y pesadez, de qué se trata. No me quedan más narices.

Es un mal menor necesario que nace para hacer mucho bien a la Gastronomía Andaluza. Algo más de cinco años hace que se constituyó con el propósito de darle esplendor, de contribuir a que sea conocida, apreciada y cuidada por todos los andaluces primero, y por los que no lo sean después. Que se cocinó con la intención de coadyuvar a la administración autonómica en la puesta en práctica de las políticas de recreación necesarias para que pueda desarrollarse y crecer y mejorar hasta hacer realidad todo su potencial histórico: sus productos y su recetario. La Gastronomía Andaluza merece ese esfuerzo.

Nació la Academia para apoyar la actualización de nuestra culinaria, para hacer progresar la Tradición, su recetario y su despensa; para extender y hacer ver las bondades de su puesta al día. Y para hablar de la importancia de la nutrición sana y equilibrada y de la necesidad de incluirla en la educación de los jóvenes. Y para ahondar en los beneficios de la Dieta Mediterránea, la producción extensiva, sostenible y de cercanía. Km 0. Slow Food. Y apoyar a la industria agroalimentaria y al pequeño productor. Y por descontado para intentar mejorar nuestra cocina, la restauración y la hostelería, porque en ellas y en las personas que a ellas se dedican y en ella se aplican se sustenta la gastronomía. Y para defender a las Escuelas de Cocina y a todos nuestros cocineros sin los que finalmente todo culinario disfrute placentero que la ha de rodear, no sería posible. Y para educar a la ciudadanía y mejorar la capacidad de conocimiento, práctica y crítica de todos sus platos principales y acompañamientos. Y por supuesto cumplimentar la tapa y la santa costumbre del tapeo. Y exportarla si podemos.

La academia está para servir a Andalucía en el cumplimiento de todas estas necesidades y buenos propósitos. Por ello trabajamos y trabajaremos. Esperemos saber cumplir con nuestros cometidos. Y si no es así que se nos demande y condene al infierno de no disfrutar nunca más del buen comer andaluz y el divertimento gustoso que siempre conlleva.

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