Por El Comensal.

CASA MORALES. Si solera y sabor es lo que se busca, aquí hay de todo ello a raudales. Basta con traspasar su umbral para percibirlo.
En 1850, D. Leocadio Morales Prieto, llega desde su Valdepeñas natal y funda este establecimiento, basado en los excelentes y conocidos vinos de su tierra. Desde entonces, el negocio queda ya en el seno familiar. Hoy Reyes Morales, junto con su esposo Juan Carlos, lo regenta, una vez recogido el testigo de su tío, D. Leocadio, y de su padre, D. Eduardo.

El fundador, y bisabuelo, de Reyes no podía imaginarse (o tal vez sí, a saber) que, con el paso del tiempo, su honesto y sencillo negocio se convertiría en una referencia sevillana de autenticidad y tradición a ultranza. Y eso es la “Bodeguita Morales”, además (sobre todo) de un perfecto lugar para tomarse un tinto (el famoso “tinto de Morales”, y alguna de las suculentas cosillas que se ofrecen; tapeo de calidad y de los fogones de la propia Reyes.

Desde los montaítos de morcilla, roquefort y de morcón de siempre, a la cocina de taberna clásica sevillana, elaborando recetas como las de menudo, sangre encebollá, riñones al Jerez, espinacas con garbanzos (una de las tapas típicas más solicitadas de la casa), también son famosas las pavías de bacalao, la berza jerezana, arroces, o sus tapas fijas como los salzones, ahumados y panes (con salmorejo y bacalao, de huevas de Maruca, de ventresca de atún…). Además de sus guisos y potajes diarios como el cocido de calabaza y habichuelas), los viernes suele ser el día de las Fabes.

Arreglando lo imprescindible y necesario, “pero sin que se note”, el local sigue ofreciendo la seguridad de su aspecto de siempre, con las enormes tinajas de las que, en su día, salía el vino y que sirven hoy de originales “pizarras” de su oferta. Por esto, ha sido declarado de interés etnológico y es ampliamente reconocido en todo el mundo, en un sinfín republicaciones diversas, artículos, guías, y radio y televisión, por supuesto. Y sin embargo aquí “no se levanta una ceja” y nadie se altera lo más mínimo, por su historial, y la cantidad y calidad de sus reconocimientos. Ni por el interés de sus muchos clientes de renombre; los de antes y los de ahora: de Romero Murube o Martínez de León a Marisol y Mel Ferrer (que rodaron aquí escenas de películas) o Catherine Deneuve, pasando por una pléyade asidua de políticos locales, artistas conocidos, etc… El turismo, como es natural, acude constantemente, junto con (tal vez) el cliente más “importante”, el de cada día, sevillanos de a pie, que a menudo ya venían de niños con sus mayores.

Situada a un paso de la catedral y de camino hacia la Maestranza y el río, “Morales” sigue ostentando sin alharacas, su galardón más preciado y merecido: el ser como siempre y lo de siempre, conservando vigas, barras, puertas, escaparates y anaqueles, como si de ayer se tratara y como la cosa más normal del mundo, conscientes del valor de su carácter y personalidad. Sevilla cambia, que duda cabe. “Morales”, no.

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