Imaginemos El Gran Mercado de La Gastronomía. Anywhere. Todo tipo de mercancías abundan hasta el abarrote en los distintos puestos; los mercaderes vocean sus mercaderías con el orgullo verdadero del especialista satisfecho o el falso del embaucador también satisfecho. Enderedor, todo tipo de casas de comidas cocinan, según la entienden y quieren, sus singulares o populares recetas; quienes cocinan éstas o regentan aquéllas cantan sus platos con la alegría del artífice orgulloso o la zalamería del vendedor de humo también orgulloso.

Al retortero, in the mood for food, fast or slow, consumidores y comensales deambulan, hacen barra o se asientan escogiendo con plena libertad de entre todas las opciones, predilectas o experimentales, el género del puesto de aquí o del de allá y las elaboraciones de este resta o de aquél. No existen limitaciones de tiempo, el Gran Mercado permanece abierto todo instante; ni de espacio, pues es un recinto sin fin; ni de gustos, porque hay para todo él; ni de productos, ya que todos están; ni de origen, al llegar de todo confín; ni tampoco de cocina, al haberla de toda procedencia y todo proceder; ni de cantidad, dada su infinitud; ni siquiera de calidad, al ser la oferta de toda variedad y tener cabida todos los cocineros del universo.

Imaginemos que habitáramos un gastromundo de semejante guisa, de tan asombrosa libertad de disfrute para con sus habitantes. Allí, cada cual buscaría su “yo gastró” saciando, sin parangón ni cortapisa, sus apetitos, voluntades e ilusiones; allí, cada uno, engordaría su ego culinario a su libre albedrío en gozoso libertinaje electivo y selectivo para convertirse, por propia iniciativa, en otro “yo gastró” que sustituyera al anterior: Cocina Recreación.

Ya no podríamos culpar a nadie, ni al mismísimo dios Baco u otros congéneres dionisíacos, de nuestra administración y resultados culinarios, de nuestro vivir o sin vivir gastronómico, pues los límites los pondríamos nosotros mismos como exclusivos inventores de nuestra gastropersona. Porque sólo a nosotros correspondería la ardua tarea de decidir, de dudar, por tanto, continuamente, en el sueño de convertir esa incertidumbre desalentadora que suponer elegir, en una felicidad alimentaria permanente y estable mediante el remake-remodel de nuestros paladares. En suma, moldear a nuestro gusto nuestro gusto, describir los caracteres de nuestro gastrobiotipo y escribir nuestra propia gastrobiografía.

¿Es ésta la auténtica utopía de los foodies, gastrónomos, gastronómadas, gourmets o gourmands de los tiempos actuales? ¿Es esto lo que persigue la sociedad gastronómica –si es que tal cosa existiera- de hoy día?

Creo que bien podría ser. Creo que ésta podría ser la fórmula imperante de este utópico mundillo gastronómico sobre el que aquí escribo y en el que, por reflejo de los líquidos tiempos que nos han tocado en suerte, se ansía este vivir en la utopía y no andar en pos de ella; porque lo que se busca y pretende es no pensar qué es lo que se es, sino en escapar de esa necesidad de pensar en nuestro disgusto secular y nuestra desazón vivencial, acogiéndonos a esta noble y agradable pasión por la gastronomía que mantiene la mente ocupada vía cuerpo y gula, basta o refinada. En las falsas creencia y esperanza de que el acto de comer y beber nos librará de todo mal.

Sin embargo, no es eso, no es eso. No basta con estar. De nada nos servirá estar sentados sin sentido a mil y una mesas mil y una noches sin sacar mayor y mejor provecho de sus mil y una historias. Hay que pasar del estar al ser, del engullir al asimilar, y así hacer nuestro cualquier y todo sabor y saber y alcanzar la sabiduría de “el ser gastroculinario”. Difícil empeño, por cierto.

Por aquella actitud y por esta dificultad me temo que, a la postre, lo más probable sería que esta líquida conducta tan sólo condujera a una utopía sin fin ni final, non-stop, que nada solucione a la larga y liquide al buen gastrónomo, pues no veo ni por asomo posible el pensar en pasar el resto de la vida viviendo felices y comiendo perdices, de aquí a la eternidad.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

* Con una gran ayuda de mi amigo Zygmunt Bauman y de los suyos Joseph Brondsky, Andrzej Stasiuk, Slawomir Mrozck y Blais Pascal, plagiada y tuneada para la gastronomía de su libro “Tiempos líquidos”. Y también de un título de canción de Roxy Music.

CONTÁCTENOS

Escríbanos un email y le contestaremos lo antes posible. Gracias.

Enviando

©2018 Academia Andaluza de Gastronomía y Turismo

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?