La alta cocina pretende satisfacer nuestras percepciones sensoriales. El gusto y el olfato son prioritarios, peros se cuida también la vista y muy particularmente la vajilla usada.

Tenemos la más increíble variedad de colores, formas y materiales en vajillas que podemos usar. Obviamente, todo ello supervisado por la autoridad sanitaria, que dictamina su uso alimentario antes de su comercialización.

Pero algunos chefs quieren ir mucho más allá y nos sorprenden sirviendo su comida sobre las losas del patio de su infancia (por supuesto no usadas en construcción), ramas huecas, cucuruchos de “periódico”, bloques de sal del Himalaya, etc. Al no haberse evaluado previamente su seguridad alimentaria, no hay garantías de inocuidad, ya que los materiales pueden ceder sustancias tóxicas, o simplemente que su difícil limpieza por su porosidad, los haga desaconsejables. En el mundo de los cucuruchos, o cualquier papel impreso que entran en contacto con la comida, sobre todo las tintas deben ser aptas para uso alimentario.

El no va más, son es la vajilla impresa en 3D, que permiten adoptar la temática del plato servido, o incluso personalizarla para el cliente. Un derroche de creatividad y vanguardia, con la mejor voluntad, pero que puede poner en peligro la salud de los comensales, ya que no hay suficientes pruebas que avalen la inocuidad de estas creaciones 3D.

Los peligros pueden provenir de diferentes frentes, empezando lógicamente por las boquillas de calentamiento de las impresoras que en algunos casos puede ceder plomo; o el material de los filamentos con el que se construye el elemento 3D, ya que algunos contienen productos químicos prohibidos para contacto con alimentos. Los materiales más inocuos como el Butadieno, PET o PLA (polylactic acid) podrían ser aptos para un uso único, pues los microporos característicos de las superficies de los objetos 3D, pueden alojar gérmenes. Además, las temperaturas del lavavajillas deforman y/o biodegradan el producto, por lo que su limpieza es más complicada. Pero incluso los materiales más adecuados para uso alimentario como el PLA, que se elabora con maíz, pueden contaminarse durante la impresión con UFP (partículas ultrafinas) que pueden ser peligrosas para la salud humana.

Se está dando solución a todos estos problemas, por lo que la impresión 3D estará presente en la cocina con plena garantía, pero mientras tanto es mejor no abusar de ella.

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