Desde el 1 de enero, la Unión Europea aprobó una normativa que abre la puerta a que se puedan incluir insectos (o parte de ellos) como ingredientes alimentarios. Es gracias al Reglamento 2215/2283 que amplia algunos supuestos de “nuevos alimentos” y evita la controversia entre países miembros que los permitían (Bélgica, Reino Unido, Holanda, Dinamarca y Finlandia) de los que los tenían prohibidos, como España desde 2015, mientras otros ni se pronunciaban al respecto. Pero como todo nuevo alimento, requiere una aprobación expresa por parte de la EFSA para que se utilicen y en la última actualización de la lista de nuevos alimentos no aparecía ninguno.

Sin embargo, ya se ha abierto la veda gourmet y encontramos recetas en Internet con grillos, hormigas y orugas, e incluso los restaurantes más vanguardistas ya cuentan con algún plato que los incluyen. E incluso, algún gran centro comercial ya presenta en sus anaqueles estas delicatesen.

Cómo en otros casos, el peligro para la salud no está en los propios insectos que son inocuos, ni siquiera en alergias, al menos de momento, pues al no haber contacto previo, no desarrollamos defensas. El problema está en la cría y manipulación de los insectos, que si son realizadas en condiciones adecuadas (las mismas que para cualquier otro alimento) no entrañan riesgo. Pero ante la falta de proveedores autorizados para venta a consumo humano ¿de dónde salen estos insectos?: importación (¿de dónde y en qué condiciones?), o granjas para cebo vivo o alimentación de mascotas, que no cuentan con las garantías sanitarias.

Amén de su situación legal, hemos de ser conscientes que la FAO los proponía desde hace años como una fuente de proteínas de elevada calidad, barata, fácil de conseguir y sobre todo sostenible. Esto último es crucial pues el coste por gramo de proteína se encuentra muy cercano al de muchos vegetales y por supuesto muy por debajo de otras proteínas animales. Además, su impacto ecológico (huella de carbono e hídrica) es mucho más bajo – siempre que no los importemos de países exóticos-.

Pero realmente el potencial de los insectos no es para consumirlos completos, sino su transformación en harinas de proteína, que sustituya a otras fuentes animales en determinados alimentos y eses es un futuro inexorable, pero que posiblemente, como otros ingredientes, sea invisible para el consumidor general.

De momento, es mejor evitar el consumo de insectos hasta que todo quede bien regularizado y supervisado sanitariamente.

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