Son muchos los países que en clave gastronómica miran con envidia sana la amplia oferta que España ofrece al mundo. Sus productos vinculados a la Tierra y el Mar hacen que hoy en día podamos disfrutar en cualquier rincón del planeta del mejor aceite de oliva virgen extra, jamón ibérico de bellota 100%, atún de Almadraba o vinos de calidad elaborados en cualquier región. Y por si fuera poco contar con una despensa de primer nivel, además tenemos la fortuna de que los cocineros más destacados y reconocidos del firmamento de las estrellas han nacido y se han formado dentro de nuestras fronteras.

En un mundo globalizado la tendencia es a la estandarización de los procesos productivos y, por extensión, a la normalización de los sabores, llegando a un punto que es difícil reconocer el terruño o marruño donde se desarrollan los alimentos que consumimos a diario. Por fortuna, todavía aquí es posible identificar esas características que hacen diferentes un jamón de Jabugo de uno de Teruel y viceversa; ni mejor ni peor pero siempre diferentes. Sucede con una amplia infinidad de productos y podríamos hablar también sobre el atún de Barbate y el de l’Ametlla de Mar: la misma especie pero con diferente infiltración de grasa y persistencia. También tenemos el claro ejemplo del vino Fino del Puerto y Jerez con la Manzanilla de Sanlúcar que, aun siendo la misma variedad de uva, el mismo proceso de envejecimiento dinámico de criaderas y soleras, finalmente tenemos un producto diferenciado, rico en matices y en ambos casos extraordinario a cualquier hora del día.

Además de los productos y los productores está la mano de los cocineros que termina por matizar, dinamizar y evolucionar cualquier sabor hasta el infinito y más allá. En un mundo global donde las diferencias entre colores, aromas y sabores enriquecen nuestra gastronomía, la hacen competitiva y deseada por todos, algunos deberían pensar detenidamente que lo que nos diferencia nos complementa y que lo que nos separa nos enriquece. ¿Por qué no declarar el pan de Telera de Medina con tomate de Conil y jamón de Jabugo, nuestro pantumaca de toda la vida, como el punto de encuentro donde comenzar a solucionar las tensiones alrededor de un buen desayuno? ¿No dicen que el desayuno es la comida más importante del día? ¡Pues yo invito a desayunar para cerrar las heridas y comenzar a pensar en soluciones para el almuerzo!

0 Comentarios

Contesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

CONTÁCTENOS

Escríbanos un email y le contestaremos lo antes posible. Gracias.

Enviando

©2018 Academia Andaluza de Gastronomía y Turismo

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?