Mañana se celebra el día de San Valentín y ahora dedico unos minutos para reflexionar acerca del amor. Según la Real Academia de la lengua estar enamorado es, además de otras acepciones, ser muy aficionado a algo. Estoy seguro que el lector tendrá alguna afición o sentirá pasión por algún tema concreto que le hace trabajar, soñar o viajar para poder disfrutar de su hobbie.

Llegados a este punto es donde tengo que confesar que estoy enamorado de los vinos de Jerez. Que siento la necesidad constante de disfrutar de una copa de fino, amontillado, palo cortado u oloroso en compañía de amigos y sobre una mesa repleta de buenas viandas. Me muero por conocer su historia y las características que los hacen únicos. Sueño con reconocer sus aromas y poder identificar cada tipo de los que se elaboran en el marco de la Denominación de Origen más antigua de España. Disfruto paseando por las bodegas y perdiéndome por esos templos dedicados al Dios Baco en los que se aloja Cupido a pensión completa. Sin duda alguna el vino es amor y quien no sabe de amor no sabe de nada. Es por ello que animo a todos los enamorados que sorprenda este año a sus parejas y no obsequien con el típico ramo de flores sino que regalen una joya, enológica en este caso; y regalen un maravilloso Palo Cortado. Un vino de extraordinario paladar, complejo y persistente que a buen seguro conquistara el corazón de su enamorada.

Hoy quiero confesar también que soy enamoradizo y que sufro con alegría mi facilidad para encontrar nuevamente una afición. Además del vino de Jerez, mi amante y compañero, siento una pasión incontrolable por el jamón de bellota cien por cien ibérico. Unas finas lonchas de color rojo intenso con su veteado característico. El recuerdo del aroma de la dehesa en cada plato. La untuosidad en el paladar de cada bocado. Sólo de pensar en ello me enamoro una vez más, suspiro y reflexiono sobre la posibilidad de tener dos amores o muchos más. Un amor en la costa de Cádiz y otro amor en la Sierra de Aracena. Un amor sincero y pasional que agita mi corazón y despierta mis papilas gustativas. Un corazón partido entre los vinos y la gastronomía. Un amor profundo y sin fisuras que crece con el paso del tiempo.

Hoy tengo que confesar que estoy enamorado.

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