Afortunadamente, los más pequeños de la casa podrán disfrutar esta tarde de la esperada Cabalgata de Reyes Magos. Con el buenrollismo generalizado extendido por nuestra sociedad y lo políticamente correcto, cualquier día algún alcalde nos da un disgusto y cambia la cabalgata por una parada cultural y acaba de un plumazo con la tradición, los camellos, los caramelos y los pajes. Hasta entonces, les animo a disfrutar de esta fecha tan señalada como niños, independientemente de su edad.

Cabalgatas de Reyes magos hay muchas y algunas de ellas son realmente espectaculares. Ahora me viene a la cabeza la que se organiza en Higuera de la Sierra, provincia de Huelva, donde los vecinos se vuelcan para transformar en arte esta festividad religiosa. Cada carroza está perfectamente recreada por los paisanos y representa un momento diferente de la natividad. Han conseguido elevar a la categoría de interés turístico esta fiesta originalmente infantil y consiguen destacar sobre el resto, no sólo porque se tiren paletillas de ibérico, sino porque realmente es un trabajo coral donde cada vecino pone pasión, trabajo y corazón. Hay muchas otras cabalgatas que podrían ser destacadas en pequeños pueblos o en grandes capitales pero no es el objeto de esta columna hacer un recorrido por cada una.

Realmente mi objetivo es desearle a todos los lectores que sus deseos mañana puedan hacerse realidad y encuentren, junto al Belén, esa botella de Jerez VORS que tanto tiempo llevaba deseando catar; o aquella máquina para envasar al vacío y comenzar a experimentar con nuevos y suculentos platos de alta cocina; o dos entradas para cenar en el restaurante que quería conocer. Tal vez si usted fue bueno durante todo el año tenga suerte y los Reyes más sibaritas le dejen alguna sorpresa.

Pero claro, antes de recibir estos sabrosos regalos hay que dejar a los Reyes algo que pueda reconfortarles y hacerles entrar en calor y reponer fuerzas. La leche y las galletas son un clásico pero realmente sus Majestades ya tienen edad de poder beber algo con un poco más de octanaje para disfrutar haciendo lo que más les gusta: dar alegrías a niños y mayores de todo el mundo. Es por ello que este año les emplazo a cambiar el avituallamiento y en esta ocasión les dejen una copa de Amontillado, una de Oloroso y otra de Pedro Ximénez. Estoy convencido de que le agradecerán y mucho el gesto y tal vez pueda suponer ese pequeño empujón para recibir su regalos deseado. No lo dude: este año vino de Jerez para sus majestades.

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