Una pena que la expresión: “viajar es un placer” tenga que estar siendo permanentemente revisada en función del medio de transporte que nos traslade hasta nuestro destino elegido. Hoy en día es posible utilizar y combinar multitud de transportes de todo tipo para alcanzar la meta de nuestro merecido descanso. También es cierto que los tiempos han cambiado y cuando en el pasado era todo un lujo desplazarse, sólo al alcance de unos pocos, hoy en día es un verdadero suplicio al alcance de cualquiera recorrer largas distancias. Es cierto también que muchos medios han mejorado sustancialmente como son los autobuses o trenes pero sin duda hay un medio que ha retrocedido muchos enteros como es la experiencia de viajar en avión ¿Dónde quedaron aquellos viajes en los que para viajar en avión los pasajeros se arreglaban y lucían un aspecto aseado? Hoy en día, lamentablemente, estamos en muchas ocasiones a kilómetros de distancia y pies de altura de lo que el sentido común y la ética de cualquier tipo de viajero debería procesar.

El viaje en avión es un engorro desde el mismo momento que entras en internet y comienzas a comprobar como el precio de un billete se infla más que un suflé en el horno a cada clic de ratón. Posteriormente está el periplo por el parking del aeropuerto (prepárense para otro nueva ‘clavada’), una vez dentro del aeropuerto, sería más fácil leer señales de humo que el caos de señalética perfectamente diseñada para tal fin. A continuación llega la parte erótica del viaje y es cuando nos toca abrirnos en canal y dejar a la vista de todos nuestras vergüenzas en favor de la seguridad… menudo camelo con la seguridad.

Ahora está usted en manos de los controladores aéreos por un lado y de los pilotos y personal de tierra por otro. De los primeros no voy hacer ningún comentario por si acaso se agobian y montan una huelga pero de los segundos podríamos escribir un libro. Los pilotos son todos muy jóvenes y han cogido la manía de volar en tránsito “sin pagar” como si al resto del pasaje nos regalaran los billetes. El personal de abordo es el que más enteros ha perdido… y sin duda se han convertido en unos camareros del aire con una oferta gastronómica mediocre y en el que entre sus objetivos no se encuentra ayudar a los pasajeros sino alcanzar las ventas. Entre unos y otros nunca nadie se disculpa por un retraso, nadie ofrece una solución ingeniosa a un problema de un pasajero y por supuesto nadie reconocerá nunca un error propio sino que siempre es de un tercero.

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