La familia Valenzuela practica una viticultura extrema a 1368 metros de altitud, comprometidos con el futuro de la Alpujarra y en equilibrio con el entorno natural. Sus vinos son singulares y expresan el carácter de una tierra.

Ser pionero es difícil. Ser pionero en la tierra donde uno ha nacido supera en dificultad el conocido refrán que asegura que nadie es profeta en su pueblo. Testigo de ello es Manuel Valenzuela, propietario de bodegas Barranco Oscuro, que todavía hoy sigue encontrando la incomprensión y el desinterés del mercado andaluz frente a los continuos reconocimientos y respeto que cosecha fuera de nuestras fronteras. El compromiso con un terruño, la Alpujarra de Granada, su absoluto respeto al entorno natural y a los procesos de la naturaleza, son los pilares de su viticultura y estilo de vida, al que se ha mantenido fiel desde los comienzos y en los que le acompaña hoy toda la familia, en especial su hijo Lorenzo. Gracias a ello, en Andalucía se puede disfrutar de unos vinos con carácter propio, alejados de modas y gustos que van y vienen, vinos capaces de seducir al que busca autenticidad y el compromiso del bodeguero que firma una etiqueta.

Andalucía pasó durante gran parte del siglo XX un desierto en el panorama de los vinos tranquilos, con el único oasis de los vinos generosos tradicionales que han dado prestigio a la zona occidental. En la década de los 80 el paisaje cambia y comienzan nuevos proyectos, la mayoría personales, cargados de mucha ilusión. En 1980 Manuel Valenzuela (El Marchal, 1943) regresa a Granada tras pasar un tiempo fuera y después de tomar contacto con el mundo del vino en Francia y Cataluña. Se afincó en Cádiar, en el corazón de la Alpujarra, en plena Sierra de la Contraviesa y allí comienzó a poner los cimientos de lo que hoy es Barranco Oscuro. Adquirió un cortijo del mismo nombre construido en 1873 y que en su sótanos albergaba una curiosa bodega de más de 400 metros cuadrados, con capacidad para producir 100.000 litros de vino. Con la llegada de la filoxera a finales del siglo XIX, la viña se pierde y, como en la mayor parte de Andalucía el cultivo de la vid es sustituido por otro, en este caso los almendros.

Valenzuela tiene claro que esta tierra es un rincón único del Mediterráneo. La altitud, 1368 metros sobre el nivel del mar, confiere un clima especial que permite una perfecta adaptación de variedades que en otras zonas cercanas sufren un estrés que dificulta su expresión más noble. Al mismo tiempo, la altitud, las bajas temperaturas invernales, las condiciones de las laderas y los suelos, le obligan a ejercer una viticultura extrema. Como recompensa, las viñas le devuelven un fruto natural, rico en expresión del terruño. Cultivan variedades, nacionales y de importación, manteniendo la autóctona Vigiriega, a la que extraen una de sus mejores expresiones en Andalucía.

Hay que reseñar que los vinos de Barranco Oscuro fueron el primer producto español en recibir un certificado ecológico oficial. Los Valenzuela practican una viticultura en equilibrio con el entorno. Todos los viñedos se cultivan de forma natural, no se utilizan herbicidas, plaguicidas ni abonos sintéticos. Cada dos años se realiza un aporte de compost que ayuda a retener el agua de las escasas lluvias. “Todo lo demás es esfuerzo, físico y mental, para obtener lo mejor de la naturaleza sin comprometer su futuro” asegura Lorenzo Valenzuela. Durante la vinificación no aportan levadura foráneas, utilizan solo las levaduras naturales del ambiente, no forzando el arranque de la actividad, dejando que sea espontánea. No se manipulan temperaturas, las excepcionales condiciones del cortijo donde se ubica la bodega, junto a las temperaturas frescas del otoño, consiguen una temperatura natural y óptima para la vinificación.

©2019 Academia Andaluza de Gastronomía y Turismo

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?