Querido mantel de papel, ni recuerdo los años que hace que te relegaron al rincón de pensar junto a tus convecinos el chiringuito, la venta de carretera y el bar de pueblo con sillas de PVC a juego con publicidad ligada al lúpulo y la cebada o al carbónico burbujeante de los refrescos.

Qué tiempos aquellos cuando no existían las bayetas de microfibra pestilentes recién escurridas y frías para acariciar y de paso transportar cual diligencia hedionda la suciedad y las bacterias de una mesa a otra del bar entre escurrido y escurrido en un periplo diabólico donde no sabíamos a quién le tocarían las migas, la salsa, el café o el sirope del vecino.

Hoy te traigo un rayo de esperanza bendito mantel de papel, papel blanco inmaculado, níveo e impoluto de mi infancia junto a la familia cuando volando desde el tubo de hierro anclado a la pared  aparecías desde el cielo en nuestra mesa asido cual vela de bergantín de tus primas las pinzas blancas de plástico por tus cuatro costados, sin mácula, polvo o mancha. Solo tú, desnudo y presto a recibir las viandas y caldos aunque en un segundo comenzases a sufrir los estragos de las gotas de agua que rezumaban del pie de cada copa helada de rubia cerveza que en ti se depositaba y los jirones y desgarros que los infantes comenzábamos a inferirte por tus flancos. Aun así, ahí seguías casi incólume en tu vida efímera que no llegaba a durar más allá de los postres o el café.

La buena nueva que te traigo hoy querido mantel de papel es que el personal se está sacudiendo la crisis como el polvo de los zapatos y aunque tímidamente aún, va demandándote y necesitándote querido mantel. Pero como ocurrió con los gastrobares, las gastrotascas y la “bistronomie”, aún hoy no hay tanta manteca o guita para disfrutar de tu primo el mantel de algodón y ya ni te cuento de lo de tu padre el mantel de lino planchado a mano, pero si para unir fuerzas junto a tus nueve hermanos y posaros con 10 capas y tacto parecido al de tu primo. Aunque voy a darte un importante consejo, no os coloquéis todos al unísono en el bar o el restaurante que asustáis al gran público, situaros poco a poco a medida que llegan los comensales, desnudaros al principio y al final del acto y vestiros durante el mismo, al revés que en el sexo.

Con esta receta creo que al menos los próximos quince años os irá muy bien, al menos en tierras andaluzas donde queremos lo que no tenemos y cuando lo tenemos no lo queremos. Mis respetos por siempre, mi querido e incomprendido mantel blanco de papel.

©2019 Academia Andaluza de Gastronomía y Turismo

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