La provincia de Cádiz cuenta con muchos diamantes en bruto que están aún por pulir y otros que ya lucen como piezas de alta joyería. Recordemos ahora cómo han sabido actualizarse las bodegas y convertirse en centros de ocio para los visitantes, al mismo tiempo que envejecen los mejores vinos. Los tabancos también tuvieron su actualización y hoy cuentan con rutas en las principales ciudades y pueblos. Ahora le ha llegado el momento a las ventas que hoy se renuevan convirtiéndose en templos de culto para los amantes de la cocina más auténtica y del sabor más intenso. Afortunadamente, la tendencia actual de la vuelta al origen le siente muy bien a toda la provincia, ya que nunca se alejó en exceso de sus principios y ahora su reconversión se antoja más fácil.

Existen obras de autores reconocidos y artículos de críticos gastronómicos que versan en torno al concepto tradicional de una venta. Según relatan, una venta debe ofrecer desayunos, comidas y cenas, contar con aparcamiento, ofrecer la venta de productos locales, cocina tradicional y, por supuesto, llamarse venta. Ahora, además en algunos casos han renovado su estética con acierto, han mejorado su oferta enológica, ampliado sus cartas y elevado a la categoría gourmet los productos de nuestra despensa local. En este sentido merecen especial atención el decano de las ventas el mítico “Ventorrillo El Chato” y, cómo no, la tradicional “Venta Pinto”. Por otro lado, tenemos los que se han renovado por dentro y por fuera mostrando su mejor imagen, tanto en la sala como en la carta, y donde destacan “Venta Melchor” y “Venta la Duquesa”. Por supuesto, existen muchas otras que merecen mención en su categoría como son Venta Gabriel, Venta Esteban, Venta la Cueva o Venta el Cepo. Cada una cuenta con motivos más que suficientes para ser visitadas y revisitadas con frecuencia, ya que en un solo asalto es difícil poder disfrutar de los platos de caza, los guisos, los productos de temporada o los mejores postres caseros.

Como recomendación, les animo a desplazarse con amigos a la provincia de Cádiz, alojarse en nuestra costa, campiña o sierra; seleccionar un conductor diferente en cada jornada, para que no disfrute de los placeres del vino y evite disgustos al volante para todos. Dediquen tiempo para preparar una agenda paralela donde entremezclar diferentes actividades culturales y no olviden visitar las bodegas. Por último, regálese el tiempo necesario para pulir los diamantes en bruto de nuestra tierra.

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