Uno de los males de la gastronomía, globalmente hablando es, el: “chovinismo gastronómico provinciano”. Es comúnmente aceptado que el chovinismo es la creencia narcisista de que lo propio de “mi” país o región es mejor o superior en cualquier aspecto, denigrando al resto. Lo que en un principio, sin llevarlo al extremo puede ser loable, gastronómicamente se convierte, al acentuar continuamente las diferencias particulares, en lo que es un peligro que lleva a un “parcelamiento” casi sectario que en ocasiones destruye la “marca” principal, a saber: “la gastronomía española popular”. Pero vayamos por partes; debo admitir que siento verdadera envidia, cuando leo en los eslóganes de muchos restaurantes, aquello de: “cocina Italiana”, “cocina Japonesa”, y tantas y tantas “cocinas” que identifican a un país. Es más que evidente que la riqueza gastronómica de cualquiera de esos países en infinitamente mayor que la que nos ofrecen en esos establecimientos, es más, lo que quizá podamos comer en éstos, ni siquiera tenga mucho o incluso nada que ver, con lo que podamos degustar en los países de origen. Pero de lo que nadie tiene duda es que si preguntamos por “cocina Italiana” todos pensamos en pasta, y si hacemos lo mismo con la “japonesa” el que más y el que menos piensa en el sushi. En definitiva han sabido exportar elaboraciones gastronómicas que los identifican mundialmente, independientemente de la riqueza interna y regional propia de cada uno de ellos; han pasado del “Chovinismo gastronómico provinciano” a una “universalización de su gastronomía popular”. Ahora viene la gran pregunta: ¿Qué es en lo que pensamos cuando hablamos de “cocina española”? Quizá algunos digan: la paella; a lo que otros inmediatamente corregirían: “no, eso es cocina Levantina o Valenciana”; otros pueden decir: “el gazpacho”, y vendrán a responder: “qué gazpacho: Andaluz o Manchego”. Que cada cual ponga los ejemplos que deseen, ya que son tantos como el “chovinismo gastronómico provinciano”. Hablando de este tema con conocidos, me llegan a admitir que lo que debemos exportar, no es una comida, ya que la cocina española es amplísima, sino un “concepto”, en concreto el de “tapa”; sin darse cuenta que tiene el mismo problema de fondo. Al preguntar por “tapa” a un vasco, o a un extremeño, y en especial a un andaluz, ya que en nuestra tierra la diversidad de la “tapa” es mayor, nos darán significados distintos para el mismo significante. En definitiva es un problema de educación y de miras hacia el futuro, ya que sin una verdadera “universalización popular” de nuestra gastronomía, difícilmente seremos alguien en la “gastronomía popularizada del mundo”, y no olvidemos que es ahí es donde nos la jugamos.

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