Imaginan que, en una charla de un médico eminente, alguien le preguntara “tengo un ruidito en el coche ¿De qué puede ser?” [¿Increíble?] Lo realmente increíble sería que el afamado médico dijera: “¡Eso va a ser de las trócolas!”

Trasladémonos al mundo gastronómico ¿Cuántas veces hemos visto responder a famosos chef sobre temas nutricionales, o de seguridad alimentaria?, responden con un aplomo increíble, pero aún peor, es cuando dan consejos de esta índole sin que tan siquiera se lo pregunten (que suele ser lo más frecuente).

Es obvio, que la mayoría de los “chef mediáticos”, en sus programas de televisión o radio, están asesorados por expertos. Por otra parte, no cabe duda, que la mayoría de los cocineros demuestran un gran interés por conocer temas nutricionales y de seguridad alimentaria. Pero eso no los cualifica para dar consejos sobre esos aspectos de los que tienen una formación muy superficial, cuando no sesgada por las fuentes de información consultadas. Y si nos centramos en las charlas / show cooking que algunos cocineros dan en ferias y certámenes, aquí el nivel de exigencia baja bastante y el de asesoramiento a los comunicadores, brilla por su ausencia. Aunque también es cierto que el impacto sobre los posibles dignificados se reduce, al ser una audiencia menos numerosa.

Estarán pensando que esto no tiene mayores consecuencias, porque no tenemos noticias de que esté ocurriendo nada, y en la mayoría de las ocasiones así es, pues ni los fans siguen a pies juntillas los consejos, ni tampoco es fácil ver la relación causa/efecto entre una intoxicación alimentaria y un mal consejo, y mucho menos achacar los efectos de una mala nutrición a este tipo de mensajes.

¿Qué se puede hacer? Corregir al chef en el evento no suele ser efectivo, por mucho doctorado y experiencia científica que tenga el que contradice, ya que la legión de fans presentes (y en las cuentas de Twitter e Instagram) son los elementos que lo empoderan y a ti sólo te conocen otros científicos que trabajan exactamente en lo mismo que tú (con suerte). Puedes salir abucheado y desde luego nada creído.

En mi caso, opto por evitar el mal venidero y tratar de charlar al finalizar tranquilamente con el chef, a solas, y ofrecer argumentos cercanos que le ayuden a comprender su error. Al menos evitas que el bulo se continúe promulgando (o eso creo).

Pero todo sería más fácil si el médico no hablara de las trócolas del coche y el cocinero hablara de lo que realmente es un experto que es de “COCINAR”.

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