Algunos Académicos dedicamos algo de nuestro tiempo a escribir sobre nuestra afición a la gastronomía; no somos demasiados, la verdad, pero tampoco es condición sine qua non para formar parte de este lobby de presión fogonero que es la Academia. En cualquier caso y gracias a la proyección de las cabeceras del Grupo Joly son muchos los lectores que disfrutan de esta breve columna una vez a la semana. Así que, contra viento y marea, seguiremos en nuestro empeño de hablar sobre gastronomía y turismo hasta que nos duren las fuerzas o se nos acaben los temas.

Hablamos mucho sobre tal o cual restaurante, este o aquel hotel, aquella tienda gourmet o esta otra pequeña bodega, pero se comenta poco sobre los amigos que abren las puertas de sus casas dedicando su tiempo y recursos en recibir a sus invitados en torno a una buena mesa. Sin duda este ejercicio de generosidad debería ser más valorado e incluso tener una pestaña en Tripadvisor. Es cierto que no todos controlan los tiempos de cocción, conocen los cortes de las carnes o aciertan con la selección de vinos, pero desde luego realizan un gran esfuerzo que es muy de agradecer. Por si fuera poco, además de preparar las viandas, luego va y les toca aguantar las críticas… y eso ya es harina de otro costal.

Algunos invitados, los más osados, ya opinan desde el primer momento y comentan lo acertado o desacertado que estamos con la ejecución. Otros esperan a que te pegues el barrigazo y cuando el arroz te queda duro te dan con él en la cabeza. Por último, están los amigos de verdad, los que tienen en cuenta el origen del producto, el esfuerzo que conlleva seleccionar el menú o la elaboración con más o menos a cierto del plato; pero que al final, con una buena copa de vino y conversación todo se pasa. Esos son los que más invitamos a casa. ¿Por qué será? Pues muy sencillo, porque el exceso de reflexión con la gastronomía o con los vinos impide el disfrute en toda su intensidad de tan bonito acto de generosidad. Cocinar es compartir, apenas nadie cocina para uno solo o al menos yo lo he visto poco. Casi nadie abre una botella de vino para tomarla en soledad, excepto en ocasiones contadas, sino que lo hace para socializar y disfrutar de una buena conversación alrededor de un vino o una tapa. Es por ello que hoy quiero rendir un especial homenaje a los paelleros, barbacoistas, hornistas y fogoneros que hacen posible profundizar en las relaciones humanas a través de la gastronomía. ¡Gracias!

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