El 1 de noviembre se celebra el día mundial del veganismo, cuyo movimiento cumple los 50 años. En este tiempo, hemos visto surgir diferentes matizaciones en cuanto al consumo de alimentos, desde los veganos, que no toman ningún alimento de origen animal, los ovo-lacto-vegetarianos (además toman huevos y leche), ictio-ovo-lacto-vegetarianos (incluyen pescado) y hasta los jamón-vegetarianos, que consumen esporádicamente jamón ibérico de bellota (ya que se infringe la norma, que sea por algo que merece la pena). Estos dos últimos se están englobando en el término flexitariano, propuesto a la RAE, que en términos generales significa que “soy vegetariano casi todo el tiempo, pero a veces me lo salto”. No sé hasta que punto el flexitarianismo no llegará a coincidir con la alimentación habitual de las personas más pobres en muchas partes del mundo, que consume alimentos de origen vegetal, salvo cuando tiene la suerte de pillar algo de origen animal. En este sentido, la dieta mediterránea, también podría ser flexitariana.

Creo firmemente en el derecho de cualquier persona de comer lo que elija, limitando el consumo de ciertos alimentos por motivos de salud, religiosos, filosóficos, místicos, medioambientales e incluso inventados. Lógicamente, esa limitación debe estar apoyada en un conocimiento de los nutrientes que reduce en su alimentación y que deberían suplir para no presentar carencias. Nada que el conocimiento científico actual y hasta si me apuran los complementos dietéticos no puedan corregir, si bien resulta paradójica que se tenga que acudir a la industria farmacéutica o traer alimentos exóticos, con la consiguiente huella de carbono, aspectos ambos que ellos suelen repudiar.

Hasta aquí, no habría mayor problema, sino fuera, porque algunas de estos veganos se convierten en supremacistas, que nos sacan los colores durante una comida, o directamente se levantan de la mesa, porque no pueden vernos comer un “animal asesinado”. Mucha sensiblería con muy poca educación y respeto por las elecciones ajenas.

Les recuerdo que ellos celebran su 50 aniversario, mientras los que comemos de todo (omnívoros) celebramos nuestro “varios millones de años” aniversario. Pues ya en forma de prehomínidos, la fisiología y anatomía de nuestros antecesores se adaptó a comer tanto vegetales como animales, e incluso el consumo de carne y pescado ocasionó mejoras anatómicas y de comportamiento, que muchos antropólogos identifican como causantes del desarrollo del ser humano, tal y como lo conocemos.

Salven el planeta y mejoren su salud. Coman ustedes lo que quieran, pero no se metan con lo que yo quiera comer.

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