Cada año el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación monitoriza los datos de consumo alimentario en España. En los datos disponibles se desglosan y analizan los tipos de alimentos y bebidas consumidos, si los consumimos dentro o fuera de los hogares y cuanto nos gastamos en cada tipo de alimento. También se establece estadísticamente la cantidad y forma en que realizamos el desperdicio de los alimentos.

En España durante 2017 el consumo total de alimentos fue de 440’9 Kg por persona y año. De esos el 89’4 % era consumo doméstico (dentro de casa) y el resto fuera de casa (46’6 Kg por persona y año). Pero de este consumo de alimentos una parte la desperdiciamos. Para lo cual establece dos grupos, los que están sin utilizar, desechados sin haber sufrido elaboraciones y los de recetas, aquellos que han sido cocinados o utilizados para elaborar algún plato.

En los hogares españoles se tiraron en 2017, 1229 millones de Kg-litros de alimentos y bebidas, y de esos, 1075 millones de productos eran sin utilizar. Tiramos algo más del 4% de los alimentos que compramos. Lo que más tiramos es fruta, verdura y salsas. Va a la basura el 6% del pan que compramos, aunque decían cuando yo era pequeño que el pan era sagrado, y en el recetario se le sacaba partido como fuera, picatostes, en sopas, torrijas, migas o hacían pan rallado. ¿No será que somos un poco vagos? ¿Nos sobra? ¿O es desconocimiento?

Me llama la atención el dato socio-demográfico, las familias cuyos responsables tienen menos de 35 años son los que más platos cocinados desperdician, aunque se supone que están más concienciados con el medio ambiente. En el grupo, de 35 a 49 años ha aumentado el desperdicio, tanto de productos cocinados como sin utilizar. Si además tienen niños menores de 6 años desperdician aún más, y eso da un mal ejemplo. Los platos ya cocinados que más se tiran creo que casi lo explica, las lentejas y los garbanzos, no es broma, son datos obtenidos por el ministerio. Ya no están nuestras abuelas para estrujar cada pedacito de comida, ni nuestros padres para decirnos que nos lo tenemos que comer, nos hemos independizado.

Por capacidad económica son los hogares con renta alta o media los que más desperdicia, alguno dirá que es lógico pero no lo debería ser. Aún nos quedan cosas básicas por hacer como sociedad, como la gestión de los recursos que usamos en nuestra alimentación.

Reflexionemos un poco, hagamos un consumo responsable de los recursos que tenemos e intentemos racionalizar el uso que hacemos de ellos, miremos atrás a nosotros mismos hace 60 años y como se gestionaban los alimentos en los hogares. En nuestra mano está que nuestros hijos sepan apreciar la disponibilidad de alimentos de la que disfrutan y como sacarle partido, eso también es educar.

©2019 Academia Andaluza de Gastronomía y Turismo

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