Platón filósofo griego nacido en Atenas en 428- 347 a. C. discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles, propone como fundamento de su pensamiento lo que él denominó el “MUNDO DE LAS IDEAS”. Para él todo lo que pertenece al mundo de los sentidos está formado por una materia que se desgasta con el tiempo. Pero todo a la vez está hecho con un molde que es eterno e inmutable. Este molde es muchísimo más perfecto y más hermoso que ninguna de esas frágiles copias; a esos “Moldes” Platón los llamó “Ideas”. En conclusión: “Platón pensaba que tenía que haber una realidad detrás “del mundo de los sentidos”, y a esta realidad la llamó el mundo de las Ideas. Aquí se encuentran las eternas e inmutables “imágenes modelo”, detrás de los distintos fenómenos con los que nos topamos en la naturaleza”.

Esta concepción de concebir la realidad les suele ocurrir, “mutatis mutandi”, a muchos de nuestros cocineros. Elaboran artificiosas, complejas e incluso retorcidas recetas con mil y un ingredientes de distintas zonas del mundo en su mente, que después poco o nada tienen que ver con la realidad que presentan al comensal. En cierto modo les ocurre como a Platón, idealizan la “Idea” como algo extremadamente bello, perfecto y sobre todo real, que después en el “mundo de los sentidos” es una mera sombra de aquella “Idea” originaria y que por desgracia se tomó como “Real”. Ante cualquier crítica a lo presentado siempre la misma respuesta: “no has entendido el concepto de mi propuesta”. Se “endiosa” el concepto y se “desacraliza” o incluso se “deshumaniza” la propuesta que se presenta en el plato. No creo que deba ser la “Idea” tomada como absolutamente “Real” la que soporte el “resultado” imagen de aquella, sino que el resultado sea el que apoye y sostenga la “Idea” o concepto previo, en un proceso de feedback o retroalimentación.

No debemos caer en el pensamiento fácil de creer que soy de los que desprecian la cocina de “vanguardia”, muy “pensada” o “intelectual”, todo lo contrario, la defiendo hasta el fin, incluso opino que la actual cocina española sufre una profunda crisis de “irreflexión” incluso de identidad, donde muchos, la mayoría, copian a unos poquitos que sí han entendido el verdadero concepto de “Idea” aplicado a la gastronomía. Que saben plasmar la intelectualidad al disfrute mayor o menor del cliente, la mayoría de las veces ante la perplejidad, estupor incluso incomprensión de este último al comer algo que no entiende, olvidando que el paladar y el gusto, al igual que la mente y el intelecto, se deben adiestrar.

Por los tanto ¿Qué es una cocina sin Idea? Pura copia, puro refrito, pura hastiedad. ¿Qué es una Idea sin cocina? Pura irrealidad, puro sinsentido, puro artificio, pura soberbia. 


Para profundizar:

  1. G. Reale; D. Antiseri, “Historia del pensamiento filosófico y científico” pags. 119-163. Herder (1995).
  2. J. Gaarder, “El mundo de Sofía” pag 103. Siruela (1996).

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