Oportunidad, ubicación, saber comprar y vender, cariño y buen trato, personal cualificado en la cocina, en barra/sala no te digo, el ojo del amo, precios razonablemente bajos, que todo esté rico, cierta originalidad, creación y recreación, buen ambiente, organización y orden en la llevanza, bista, balor y buevos, muchos buevos.

Estos son los ingredientes de la fórmula magistral del éxito en la restauración, pero cada maestrillo tiene su librillo para elaborar esta receta y es claro que triunfar con ella no es fácil, que la pócima resultante no siempre convierte en príncipe a la rana, que hay monas que aunque las vistas de seda monas se quedan y que hay portaviones y cruceros de lujo que luego no pueden siquiera navegar y quedan en barquitos chiquititos inservibles para guerrear en esta selva de la hostelería. Y también hay, como no, mucha sinvergüenzura. Por eso hay que contar con la suerte, la magia, el ange, la buena estrella, el toque divino, la mano del cocinero, etc. para que las cosas salgan bien.

En esta temporada laboral que se encamina hacia el verano y la vacación el sector y la ciudadanía se han decantado del tirón por la manera de comer que hoy día va por delante: los gastrobares/gastrotabernas o simplemente bares de tapas modernitas. Esto es lo fashion, lo trendy, lo topeguay, lo exquisito. Y la verdad es que tenemos las ciudades reventonas de ellos, y también es la verdad que están muy bien en todos los sentidos, menos en el de la horrible tapa gratis. Este ha sido y es el hecho destacable y relevante de la temporada que ya cuasi consumimos.

A ver si esta moda hace que los bares de tapas tradicionales de toda la vida se pongan las pilas y el empeño en hacerlas como dios mandaba y así podemos echarlas a la sana pelea de la competencia, el pique y el pos yo más y mejó. La clientela y los visitantes desnortados lo agradecerán.

Los que no están en la palestra ni tienen sus hornos para muchos bollos porque andan algo demodés son, por el contrario, los restaurantes; malos tiempos para sus líricas y encima se les viene encima el verano. No sé cómo haremos para que Andalucía tenga los restas que merece, de verdad que no lo sé. Tragedia.

Pero démonos por satisfechos, sonriamos al verano y a la vida y disfrutemos lo que podamos, ahora gastronómicamente cerca de las playas y el mar y sus extraordinarios productos, aprovechemos para comer pescados y marisquitos.

©2019 Academia Andaluza de Gastronomía y Turismo

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