Vivimos en un extraño mundo en el que en lugar de comer pescado, añadimos omega 3 a la leche, la fibra que no tomamos por fruta y verdura, la sustituimos por azúcar morena, reemplazamos la base de la pizza por coliflor, o cambiamos patata por batata. Por cierto, todos estos cambios totalmente falaces y muchos de ellos contraproducentes desde un punto de vista dietético. Es el mismo mundo en que nuestra conciencia y honor nos impide tomar leche, pero queremos llamar “leche” a las bebidas de vegetales; y en el que el bienestar animal nos impide tomarnos una mísera hamburguesa, o un perrito caliente, por lo que los elaboramos con cereales, legumbres y/o verduras. Siempre tratando de que la leche, o la hamburguesa vegetal, sepan a leche de vaca y hamburguesa de ternera, respectivamente, pero además, añadiendo productos exóticos con tremendas huellas de carbono (a pesar de que somos también “ecologistas”) y ocasionando desigualdades sociales (aunque tenemos conciencia global).

En este mundo moderno, en definitiva, ha vuelto a resurgir la cordura por parte del comité de Agricultura del Parlamento Europeo, que ha votado restringir el uso de palabras como: hamburguesa (burger), salchicha, o escalope, solo a productos cárnicos. Ya se intuyó esta cordura cuando prohibieron el uso de la palabra “leche” para referirse a bebidas elaboradas con soja, avena u otro vegetal. Pero ahora, ya tiene totalmente en contra a ecologistas y veganos, que ven una maniobra de las industrias cárnicas, para no perder la cuota de mercado, que les están arrebatando esas maravillosas hamburguesas de tofu, lentejas y quinoa. Ya que al no llamarse hamburguesas ¡ya no sabrán lo mismo!

Y yo me pregunto ¿Por qué ese afán de imitar alimentos de origen animal con productos vegetales? Habrá que preguntarse ¿por qué es necesario hacer más llevadero el tránsito del mundo omnívoro al vegetariano, si supuestamente se hace por convicción?

Desde aquí reivindico los productos vegetales tradicionales: cada uno de los productos de la huerta por separado, en parejas, tríos u orgías de colores y sabores, sobre parrillas, sartenes, al horno, cocidos, en purés, menestras, pistos, crudos, o hasta en revuelto (con permiso de los ovo-lacto). Y si no somos vegetarianos, los reivindico también, para que formen parte con más frecuencia de nuestra dieta, porque son imprescindibles para mantener nuestra salud y bien preparados son deliciosos.

Si queremos ser veganos, seámoslo con todas sus consecuencias y no nostálgicos ex carnívoros.

©2019 Academia Andaluza de Gastronomía y Turismo

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