Estimados lectores, tal vez ya conozcan la iniciativa que tiene como objetivo conseguir los apoyos necesarios para que la hostelería patria se convierta en Patrimonio de la Humanidad como bien cultural por la UNESCO. Una vez alcanzado este reconocimiento podrá protegerse con especial cuidado, al mismo tiempo que se rinde un homenaje al sector, mujeres y hombres,  que con su esfuerzo nos hacen la vida más placentera, más completa y en algunas ocasiones simplemente hacen que la vida sólo por ellos merezca la pena llamarse vida, la buena vida. 

A mí ya me tienen entre su legión de seguidores y por supuesto he votado en change.org junto a los más de 200.000 locales de hostelería que se han agrupado para recabar votos entre sus fieles parroquianos.  Empresarios, famosos, deportistas o cocineros son algunas de las caras más visibles de esta acción que de corazón deseo sirva para trasladar apoyo y ánimo a los bares, restaurantes, discotecas o salones de celebraciones donde nos sentimos como en casa y donde muchos estamos ansiosos por poder volver a disfrutar de la vida con moderación, pero con alegría. 

Creo que no es necesario recordar que estos locales, para los amantes de los productos de la tierra o de ultramar, son nuestros templos de culto. Las Cuevas de Altamira son comparables a un aperitivo en El Ventorrillo el Chato (la venta más antigua de España), visitar el archivo de Indias es como cenar en Aponiente, un paseo por el Parque Nacional de Doñana es una sobremesa en el Timón de Roche y por supuesto una velada en la terraza de Toro Tapas en la Bodega de Mora es como un atardecer en los jardines de la Alhambra. Por ellos y por todas las personas que hacen posible que el resto gocemos sin moderación en una barra, una pista de baile o una buena mesa debemos ahora más que nunca dar nuestro apoyo. La vida sin ellos sería una vida más gris, triste y entiéndanme bien una vida sin recuerdos. Cuántas primeras y últimas citas, amistades nuevas, celebraciones en familia y con viejos amigos, ellos han sido testigos de nuestra historia; sin la Merche en el centro comercial de Vistahermosa, Enrique en la barra del Buzo o el Rubio en la Caseta del Nacional la cosa no hubiera sido igual, ni parecido por asomo. 

Cada uno con su estilo, su forma y su saber hacer conquistaron nuestros paladares y corazones convirtiéndose en algunos casos en una extensión de nuestra propia familia. Los hosteleros han sido en muchas ocasiones los paños de lágrimas, los psicólogos y consejeros matrimoniales peor pagados de la historia. Ahora es el  momento de unirnos y darles un fuerte abrazo virtual, comparte y usa #soypatrimonio2020. Por supuesto firma ahora en change.org si apuestas por la buena vida.

©2020 Academia Andaluza de Gastronomía y Turismo

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