Está considerada como comida rápida, pero ya los soldados persas comían un pan plano con queso fundido y dátiles en el 500 antes de Cristo. Catalogada también vulgarmente como comida basura, la pizza más cara del mundo, creada por el chef Renato Viola y elaborada a base de harina biológica certificada, sal rosa australiana, langosta, tres tipos de caviar, huevos de peces y coñac, está valorada en 8.300 euros. Peccata minuta comparada con el millón de euros que una cadena estadounidense cobró por llevar las suyas en 2001 a los astronautas de la Estación Espacial Internacional.

En nuestro país, en pocos lugares se honra tanto la pizza como en Rota. La localidad gaditana abre este 19 de marzo el III Festival de la Pizza. Una cita que comenzó en 2018 sin más pretensiones que el de cualquier otro evento local. Pero el interés se ha desbordado, llamando la atención de amantes de la gastronomía del resto de la provincia y de Andalucía.

La Villa está más que legimitada para organizar una feria en torno a este plato. El 5 de junio de 1963 abría en la plaza de Jesús Nazareno una de las primeras pizzerías en España. Su propietario era un napolitano, Vicente Rinche di Lorenzo, como documenta Agustín de la Poza. Un maestro pizzero que se vino de Marbella para dar respuesta a la demanda de pizzas por parte de los primeros norteamericanos que llegaron ese año a la Base de Rota. 

Seis décadas después, unas treinta pizzerías conviven en una población de menos de 30.000 habitantes. Un establecimiento por cada mil vecinos que supera holgadamente la media de cualquier otra ciudad española  e incluso a Nápoles, verdadera cuna de la pizza tal y como la conocemos.

A pesar de que Rota llega a triplicar su población en verano, la mayoría de estas pizzerías abren todo el año, siendo un aliciente para el visitante.

En Rota, la pizza americana tiene una dignísima representación. Además, su pizza roteña es una evolución de la americana adaptada a los gustos locales, con aportación de las verduras de su fabulosa huerta y un toque característico de mayonesa de bote. Últimamente, la localidad ha ido cerrando el círculo de la pizza con nuevas variedades como la napolitana, la focaccia y la pinsa. Hablando de pizza, allí hay que morir. Claramente, el secreto está en la Villa.

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