Si el fantasma de los excesos de las Navidades pasadas ha sido para usted como un amigo imaginario con el que ha convivido durante todo el año, y que no consigue darle esquinazo, lamento comunicarle que el maratón de comidas y cenas vuelve a llamar a su puerta. Sin dudarlo, y si usted no pone remedio, dentro de siete días es probable que no le cierre el pantalón, la chaqueta y mucho menos el cuello de la camisa para lucir corbata.

No cometa los mismos errores que las Navidades pasadas y comience a pensar en su cabeza que esto son dos días y que pasada las fiestas me pongo a plan y está arreglado. Recuerde su promesa de aprender inglés, hacer deporte o cocinar para la familia todos los domingos que aún no cumplió. Mi recomendación es que coma y beba con la cabeza más que con los ojos, que es lo habitual, y donde empezamos a meter la pata ibérica… -¡Qué buena pinta tiene el Jamón! Por favor corta otra ración. -¡Qué color tienen los langostinos! Ponme un par de kilos. -¡Cómo huele el cordero y que maravilla de guarnición!… Esto es un no parar de magníficos platos elaborados con mucho cariño que tenemos que probar para dar nuestra opinión de “experto”, pero que al final si no hacemos las cosas con medida terminaran pasándonos factura a corto, medio y largo plazo.

Probablemente, una ingesta abundante de alimentos le produzca una digestión pesada y si es de noche, puede tener incluso hasta pesadillas en las que termine convirtiéndose en un Gremlin. El sentido común recomienda que una vez que terminemos un almuerzo o cena dejemos pasar un buen rato para que nuestro estómago pueda hacer una digestión adecuada y que, en muchos casos, es más llevadera si está acompañada de un agradable paseo. Por otro lado, a los aficionados a las bebidas con gas les recomiendo que no dejen el cava o champagne para el postre, que suele ser lo normal. Una copa de este tipo en su cuerpo tendrá el mismo efecto que poner una mecha a un petardo por lo que mi consejo es que inicien las celebraciones con este tipo de bebidas y no lo dejen para el final. En todo caso, para el brindis final recomiendo una copa de Pedro Ximénez que es por excelencia el vino de la sobremesa, el vino de las palabras.

En definitiva, disfrute de la buena mesa con moderación para evitar estar arrepentido durante todo un año. Recuerde también que las navidades compartidas saben mejor y que son muchas las personas cercanas que están pasando por momentos difíciles. Sean generosos, compartir es vivir. Por último, olvide las preocupaciones por unos días y disfrute en exceso de la buena compañía. Un fuerte abrazo y feliz Navidad.

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