Desconozco si alguno de los lectores ha escuchado anteriormente esta expresión; no sé si solo la utilizamos unos pocos o está ampliamente extendida, la verdad. Como quiera que sea, voy a intentar explicarles que quiere decir para mí este grito de guerra que siempre utilizamos cuando nos reunimos un grupo de amigos para disfrutar, cocinado en directo, un arroz en paella o caldero, un asado o cualquier receta que requiera tiempo, conocimiento y maestría en su elaboración.

Seguro que todos tenemos el típico familiar que permanentemente nos recuerda cuando estamos cocinando remover la olla o atizar el fuego mientras nosotros estamos intentando pelar o preparar cualquier ingrediente a toda velocidad. También tenemos a los pesaditos de la sal y la pimienta así como a los generosos con los vinos de Jerez que quieren emborrachar al pato y ponen oloroso en el asado cada vez que nos giramos.

Está claro que con vino la vida sabe mejor pero el director de fogones será quien decida, cuándo, cómo y por qué…  ya que señores: ‘parrillero solo hay uno’ y no puede haber siete voces diferentes opinando sobre el punto del arroz o el crujiente del cochinillo; en ese caso sería un guiso anárquico y no una sinfonía de sabores ensamblados en paz y armonía. Una cocina sin mando es como una barcaza a la deriva que poco a poco la marea arrastra y termina en cualquier puerto y no en el deseado Puerto de Santa María.

Los parrilleros son los artistas del avituallamiento ya que no solo se encargan de la madera (de encina, olivos o naranjo) el gas del rosco, la paella o las ollas, sino que también de los productos que van dentro, además de que el vino Fino siempre este prácticamente granizado. Es un trabajo exigente y poco reconocido en la mayoría de las ocasiones. Además, si no se anda el parrillero espabilado, termina también hasta fregando los platos. Mi amigo y buen cocinero Alberto más conocido como Tito siempre pone orden antes de empezar a cocinar, hasta el punto que impide que nos acerquemos a su parrillero flamenco de la calle Salmón creando algo así como una república independiente en la que solo él decide, donde solo él ejecuta aquí; ni democracia ni nada, pura dictadura gastro para asegurarse siempre el éxito… y en el caso de no alcanzarlo aprender de los fallos propios y no de los comentarios oportunistas de sus invitados que han podido influir en su manera de hacer habitual. Así que, sin duda, a la hora de cocinar con éxito: Parrillero solo hay uno.

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