No nos engañemos, el abuso de alcohol (etanol) es peligroso, e incluso está catalogado por el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos y la propia OMS, como un factor de riesgo de varios tipos de cáncer. No digamos ya los efectos que puede tener sobre el hígado en consumidores crónicos, provocar accidentes de tráfico, o menos peligroso, pero igualmente molesto, sobre nuestro bolsillo si nos hacen un control de alcoholemia con algo más que una copita tomada.

En el extremo opuesto hemos leído decenas de artículos científicos sobre efectos beneficiosos del propio alcohol, pero sobre todo del resveratrol y quercetina, que contienen los vinos tintos (y algunos dulces), tanto sobre enfermedad cardiovascular, prevención de cáncer, osteoporosis e incluso enfermedades de demencia seniles.

En este eterno dilema de dimes y diretes, de alegaciones y salvedades, como si se han incluido, o no: a los abstemios por causas médicas, los exalcohólicos, el efecto de alimentación sana (más habitual en bebedores de vino) siempre hay algunos que apuestan más a favor de un consumo moderado de vino y otros, en contra completamente del consumo de cualquier cantidad de alcohol.

Y es que las reglas del juego son asimétricas, mientras se describe el efecto perjudicial, incluso en pequeñas cantidades, del alcohol (sin especificar), por otra parte, se habla de efectos beneficiosos del consumo moderado de “vino”, “cerveza” o “sidra”, bebidas alcohólicas no destiladas, y por tanto, con componentes derivados de sus materias primas (uva, cebada y manzana) que en el procesado aportan sustancias promotoras de salud (al menos en estudios concretos).

Aunque habrá que esperar a 2026 en que finaliza un estudio sobre consumo moderado de alcohol y salud cardiovascular, un reciente estudio español de Rosario Ortola (2018), que ha sido muy aireado por la liga anti alcohol, ha demostrado que no hay diferencias en consumo esporádico o ligero de alcohol, respecto a los totalmente abstemios, por cualquier causa de muerte estudiada en más de 3000 personas en España. No se ha demostrado beneficio como anuncian a bombo y platillo los defensores de la abolición del consumo de alcohol, pero si no hay diferencias, significa que tampoco perjudica el consumo esporádico, o moderado de alcohol.

Ante esta evidencia y sin buscar tres nuevos pies al gato, la conclusión es bastante simple:

¡¡Dejadnos que nos tomemos en paz UNA copita de vino!!

©2019 Academia Andaluza de Gastronomía y Turismo

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