Triste Lisa, nadie, en absoluto, te tenía en su corazón, nadie, caía en tus redes, en absoluto, triste Lisa. Sólo, en la sola tarde, la orilla que refleja la debilidad tardía y macilenta del acabose de un día cualquiera, te delata ante el artista paciente y hábil que, tarraya al hombro, en artificioso e imposible gesto, te da caza. Sólo él te ama. Sólo el te quiere. Pescar.

Pero, lejos de su querencia, todas tú, errabundo mújol, triste Lisa, transitas lo intransitable de bocana y desembocadura, coleteas boquiabierta, esquálida bocaza de escualo, al hambre del desperdicio, a la cenagosa compostura del fango y el carenado. Condenada, mal de muchos, a ese humano desprecio, sí, triste Lisa.

Y vienes buscando, triste Lisa, en tu sempiterna lucha peregrina la tierra prometida, Veta La Palma, riomar en tu existencia y estancia. Estético estuario. Establecimiento estable de cría y recreo, subir y bajar de mareas agridulces, salinas verdades acuáticas, verduras, verdolagas y salicornias, similares, algunas algas asimiladas, atocinadas por tu filtro de salud y sabor. Marinada cocinería en vivo y en canal, directo. Pange lingua gloriosis. Diálogo, tantra y doctrina del comer y ser comido. Sagrada gastronomía. Sacrificio.

Alfa uno. Desde el albur de los tiempos siglos de denuesto, nadas para nada, hacía la nada, triste Lisa, bajunamente, incansable, eterna predisposición sin respuesta, preparando, apretando tus carnes. El tiempo ha sido tu esteticien del querer estar bella para parar el ansia del querer ser querida. El tiempo ha sido tu angustia, triste Lisa, también.

Pero tu momento ha llegado de la mano y el arpón de un Angel vengador. Y exterminador también. Triste Lisa. A su cabeza, a la cabeza pronta, a su armada alma marinera por un casual llegaste, para darte muerte y gloria a un tiempo, bendita búsqueda creadora de este León Marino de tu destino fatal y comitente. Omega tres.

No te escondas, no huyas, tras las compuertas, triste Lisa, al fondo de los esteros. Estéril encierro/entierro, tu suerte está echada, sal, afronta, carne de salchichón, roja y pimentona esencia de chorizo, compostura de blanca longaniza, que es ya tu sino al fin saciar la hombruna hambruna y dar a tu cuerpo solaz y albedrío. Sal. Oreate. Nuevos aires corren, desinhibidos, embutidos que curan y sanan, remota y redentora profecía que por decir decía que llegará el día, lisa y llanamente, en que tu tristeza, Lisa mía, desaparezca para siempre.

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