Por Daniel Camiroaga
Vanitatis el confidencial

Granada es el sentimiento que proviene de los ‘quejíos’ flamencos que se escapan de las zambras del Sacromonte, es la belleza de sus mujeres y de los geranios que adornan los balcones del Realejo, es la unión de guiris y calés que beben cañas asomados a la historia de la Alhambra y a sus montañas de cumbres nevadas, son las gentes, sus voces y la diversión que buscan de bar en bar, es la subida al Albaicín mientras el Darro baja silencioso unas veces y torrentera otras, es la cadencia de los ‘pasos’ que ceremoniosamente pasean al Cristo y a la Virgen, es el zoco de callejuelas imposibles alrededor de la Catedral, es un viaje al pasado esplendoroso del reino nazarí, es una de las más deslumbrantes puestas de sol y las rimas y los versos de Lorca, es parte de la esencia y raíces de Andalucía.

Pero sobre todo es el sabor suave pero magnífico de sus jamones de Trevélez; las salaillas, ese pan de aceite de gusto tan especial; las tortillas de sesos del Sacromonte y, las frituras impecables, jugosas y sin un ápice de grasa que encumbran en muchos de sus bares.

La Bodega La Tana, un pequeño local con encanto, gran bodega de buenos vinos, botellas de todas las denominaciones solo distraídos por jamones y chacinas, pates y buenos tomates, en la Placeta del agua.

En la céntrica Plaza de la Pescadería, muy cerca de la catedral, la Marisquería Cunini, se anuncia al paseante con unas cuantas mesitas altas en las que disfrutar de raciones y cervecitas al aire libre. Dentro, el bullicio y el gentío que no se quiere perder una de las mejores barras de la ciudad en la que desfilan perfectas frituras de salmonetes, camarones de Motril, y una excelente ensaladilla de patata.

Fuera de todos los circuitos, el Bar FM, un tesoro oculto para aquellos que son de fuera de la ciudad, pero un sitio de culto para los locales. Paco y su mujer Rosa llevan más de 20 años sirviendo algunas de las mejores frituras de este país, realzando hasta la excelencia: boquerones y salmonetes, sirviendo un pulpo seco extraordinario y unos chopitos a la plancha cum laude. Las berenjenas y los camarones impecables.

Pero como no todo iban a ser tapas, El Claustro, del premiado Juan Andrés Morilla, chef que nos ha representado en el Bocuse d’Or con gran éxito y cuya fama está más que justificada, no solo por el encanto del entorno del Hotel Palacio Santa Paula y el ‘enorme’ servicio que se presta en sala, sino porque el verdadero protagonista de la mesa, los platos, son elaboraciones plenas, bien ejecutadas, cargadas de simbolismo y referencias a la propia Granada que realza con chispazos de sabores orientales, que manteniendo el sentido local, transportan a lugares lejanos.

Oliver, con sus 12 m2 de tradición, personalidad y costumbrismo, una tienda de frutos secos de especial tostado al que los granadinos siguen acudiendo hoy tal y como lo hacían desde siempre sus abuelos.

Andando por el paseo de los Tristes hasta el mirador de San Nicolas, para disfrutar, gintonic en mano, de una puesta de sol mágica en la que solos delante del maravilloso conjunto de la Alhambra, uno queda afectado para siempre por la belleza de sus muros encendidos por el sol.

Dormir en el Palacio de Santa Paula, un antiguo convento reformado cuyos patios y fuentes te transportan a un refugio de tranquilidad donde el tiempo parece detenerse y el descanso está asegurado.

©2019 Academia Andaluza de Gastronomía y Turismo

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