Es muy probable que el lector desconozca de qué hablamos cuando utilizamos este término y no tenga ni idea de que quiere decir esta rara palabreja. Por otro lado, no creo que vaya arreglarlo decir que procede del latín y que su significado es Vinum Optimum Rare Signatum, pero tal vez si les digo que se trata de la categoría de vinos de Jerez más vieja y exclusiva, seguro ahora sí que haya captado su atención e interés. Se trata de vinos amontillados, palos cortados, olorosos, médiums o dulces con una vejez promediada superior a los 30 años que, por el tradicional sistema de criaderas y soleras, evolucionan en botas de roble americano hasta alcanzar su plenitud, su máximo esplendor. Ahora los profesionales y aficionados más aventajados han puesto su punto de mira en ellos porque son capaces de ofrecer, con unas pocas gotas, una experiencia memorable para el paladar. Las bodegas conocedores de ello están sacando lustre a estas obras de arte y ahora las presentan con espectaculares botellas que elevan estos vinos a la categoría de joyas.

De color ambarino en algunos casos u oscuros en otros, aún guardan luz en su interior dejando latente su maravilloso estado de conservación. Piernas largas, estilizadas y persistentes empañan el cristal de las copas y crean una película que lo invade todo, dando una idea de lo que se nos viene encima. Vinos generosos que alcanzan elevados volúmenes de alcohol por concentración pero que en nariz son aromáticos y complejos, donde predominan las maderas viejas, caobas, notas glicéricas y cantidad de recuerdos a frutos secos, cuero o piel de cítricos en ocasiones. Pesos pesados con grandes volúmenes en boca y donde podemos experimentar algunas sensaciones hasta ahora desconocidas. No es necesario ser un experto para, una vez probado, saber que tienes algo excepcional en las manos, un tesoro que, con el paso del tiempo, mejoró y mejoró hasta alcanzar el olimpo de los vinos más delicados. Seguro que Baco estaría de acuerdo conmigo en afirmar que son, sin duda alguna, los vinos que mejor han conseguido detener el tiempo y evolucionar hacía otros territorios imposibles de imaginar por el ser humano y que solo están al alcance de los dioses. Por fortuna, en El Puerto de Santa María una bodega familiar con casi 250 años de historia cuenta con la mayor colección de vinos VORS, o viejos y raros, para el deleite de los paladares. Una cúpula de la felicidad, una bodega de incunables donde es posible (venencia en mano) catar y recrearse con vinos que comenzaron a elaborarse en 1790, 1792, 1812, 1864, 1903, etc… beberte la historia de los últimos dos siglos utilizando como vehículo conductor vinazos espectaculares al alcance de los bolsillos más rumbosos. En mi opinión una perfecta elección para incluir en la carta de los Reyes Magos y tal vez caiga algo.

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